Los refugios para personas damnificadas deben cumplir, obligatoriamente, estándares internacionales de DDHH

Laboratorio de Paz publica dos guías prácticas para ayudar a autoridades, organizaciones y personas afectadas a verificar que los refugios respeten condiciones mínimas de dignidad.

(Caracas, 30 de junio 2026). Mientras miles de personas comienzan a ser trasladadas a refugios temporales tras el devastador terremoto que afectó a Venezuela, Laboratorio de Paz recordó que estos espacios no pueden organizarse de manera improvisada. Los estándares internacionales de derechos humanos establecen obligaciones claras sobre cómo deben funcionar para proteger la vida, la salud y la dignidad de quienes perdieron sus viviendas.

Un refugio temporal no es únicamente un lugar donde dormir. Debe garantizar condiciones mínimas de habitabilidad, acceso al agua potable, saneamiento, información clara, protección frente a la violencia, permanencia de las familias, participación de las personas afectadas en las decisiones que las involucran y una distribución transparente y equitativa de la ayuda. Estos principios forman parte de los principales estándares internacionales de acción humanitaria y derechos humanos desarrollados durante décadas para responder a emergencias y desastres.

Laboratorio de Paz advirtió que muchos de los problemas que aparecen después de una catástrofe no son consecuencia directa del desastre, sino de una administración inadecuada de los refugios. El hacinamiento, la falta de agua potable, la separación de familias, la ausencia de mecanismos de participación, la distribución arbitraria de la ayuda o la exposición de mujeres, niñas, niños, personas mayores y personas con discapacidad a nuevos riesgos son situaciones que pueden prevenirse cuando la respuesta se organiza con un enfoque basado en derechos humanos.

«La prioridad absoluta continúa siendo salvar vidas. Pero, al mismo tiempo, comienza otra etapa igualmente decisiva: la reubicación temporal de miles de personas que ya no pueden regresar a sus hogares. Las decisiones que se adopten durante estos días determinarán si los refugios ayudan a la recuperación o si terminan generando nuevas vulneraciones de derechos», señaló Laboratorio de Paz.

La organización también hizo un llamado a aprender de la experiencia reciente del país. Tras el deslave que devastó el estado Vargas en 1999 y situaciones posteriores vinculadas a fenómenos climáticos como “La Niña”, numerosas organizaciones nacionales e internacionales documentaron denuncias relacionadas con la administración de los refugios temporales. En aquel momento Venezuela contaba con mayores capacidades institucionales, más recursos económicos y una estructura estatal más sólida que la actual. Repetir esos errores en un contexto de mayor fragilidad institucional tendría consecuencias aún más graves.

Dos herramientas para convertir los estándares en acciones concretas

Con el propósito de facilitar la aplicación de estos principios, Laboratorio de Paz presentó dos nuevas publicaciones.

La primera, «Lineamientos mínimos para refugios temporales en Venezuela«, está dirigida a autoridades, equipos de protección civil, gobiernos locales, organizaciones humanitarias y personas responsables de administrar refugios. El documento organiza la gestión de un refugio alrededor de doce decisiones fundamentales (desde la selección del edificio hasta el cierre del refugio) e incorpora listas de verificación, recomendaciones prácticas y criterios basados en estándares internacionales.

La segunda publicación, «10 preguntas sobre refugios dignos», está dirigida principalmente a las personas damnificadas. Mediante un lenguaje sencillo, ilustraciones y una lista de verificación, explica cuáles son los derechos que toda persona debería esperar que sean respetados mientras permanece temporalmente en un refugio.

Ambos documentos se apoyan en referencias ampliamente reconocidas, entre ellas el Manual Esfera, las directrices del ACNUR y otros instrumentos internacionales sobre acción humanitaria y derechos humanos. Su mensaje central es sencillo: perder una vivienda no significa perder los derechos.

«Después de un desastre las personas no dejan de ser titulares de derechos. Cambia el lugar donde viven, pero el Estado mantiene la obligación de garantizar condiciones mínimas de dignidad. Un refugio no puede convertirse en un espacio de improvisación; debe organizarse siguiendo estándares internacionales que existen precisamente para evitar nuevos daños después de la emergencia», señaló Laboratorio de Paz.

La organización invitó a instituciones públicas, organizaciones de la sociedad civil, iglesias, universidades, medios de comunicación, equipos de voluntariado y comunidades afectadas a utilizar y difundir ambos materiales como herramientas para fortalecer una respuesta humanitaria respetuosa de los derechos humanos.

«La solidaridad ciudadana seguirá siendo indispensable durante toda esta emergencia. Pero la solidaridad, por sí sola, no sustituye las obligaciones del Estado. Un refugio digno no depende únicamente de la buena voluntad: depende de cumplir reglas que la comunidad internacional ha construido durante décadas para proteger a las personas cuando más lo necesitan.»

Shelters for Disaster-Affected People Must Comply with International Human Rights Standards

Laboratorio de Paz publishes two practical guides to help authorities, organizations, and affected communities ensure that temporary shelters meet minimum standards of dignity.

(Caracas, June 30, 2026). As thousands of people begin relocating to temporary shelters following the devastating earthquake that struck Venezuela, Laboratorio de Paz emphasized that these facilities cannot be organized improvisationally. International human rights standards establish clear obligations regarding how shelters must operate in order to protect the lives, health, and dignity of people who have lost their homes.

A temporary shelter is far more than a place to sleep. It must guarantee minimum standards of habitability, access to safe drinking water, sanitation, clear information, protection from violence, family unity, meaningful participation of affected people in decisions that concern them, and the fair and transparent distribution of humanitarian assistance. These principles are part of the leading international humanitarian and human rights standards developed over decades to guide emergency and disaster response.

Laboratorio de Paz warned that many of the problems that emerge after a disaster are not the direct result of the event itself, but rather of poor shelter management. Overcrowding, lack of safe drinking water, family separation, the absence of participation mechanisms, arbitrary aid distribution, and exposing women, girls, boys, older persons, and persons with disabilities to new risks are all situations that can be prevented when the response is organized using a human rights-based approach.

«Saving lives remains the absolute priority. At the same time, however, another equally critical phase is beginning: the temporary relocation of thousands of people who can no longer return home. The decisions made during these days will determine whether shelters contribute to recovery or instead create new human rights violations,» Laboratorio de Paz stated.

The organization also called for learning from Venezuela’s recent experience. Following the 1999 Vargas tragedy and subsequent emergencies related to climate phenomena such as La Niña, numerous national and international organizations documented complaints concerning the management of temporary shelters. At that time, Venezuela had stronger institutions, greater financial resources, and a more robust state structure than it does today. Repeating those mistakes in the current context of greater institutional fragility would have even more serious consequences.

Two tools to turn standards into practical action

To facilitate the implementation of these principles, Laboratorio de Paz has released two new publications.

The first, «Minimum Guidelines for Temporary Shelters in Venezuela,» is intended for government authorities, civil protection teams, local governments, humanitarian organizations, and those responsible for managing shelters. The guide organizes shelter management around twelve key decisions—from selecting the building to closing the shelter—and includes checklists, practical recommendations, and criteria based on international standards.

The second publication, «10 Questions About Dignified Shelters,» is designed primarily for disaster-affected people. Using clear language, illustrations, and a practical checklist, it explains the rights that every person should expect to have respected while temporarily living in a shelter.

Both publications draw on widely recognized references, including the Sphere Handbook, UNHCR guidelines, and other international humanitarian action and human rights instruments. Their central message is simple: losing your home does not mean losing your rights.

«After a disaster, people do not cease to be rights holders. Their place of residence may change, but the State’s obligation to guarantee minimum conditions of dignity remains. A shelter cannot become a space for improvisation; it must be managed according to international standards that exist precisely to prevent further harm after an emergency,» Laboratorio de Paz said.

The organization invited public institutions, civil society organizations, churches, universities, media outlets, volunteer groups, and affected communities to use and disseminate both publications as practical tools to strengthen a humanitarian response grounded in respect for human rights.

«Citizen solidarity will remain essential throughout this emergency. But solidarity alone cannot replace the obligations of the State. A dignified shelter does not depend solely on goodwill—it depends on complying with standards that the international community has developed over decades to protect people when they need it most.»

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