Ante la participación anunciada de Delcy Rodríguez en la Asamblea General de Naciones Unidas y el creciente restablecimiento de relaciones diplomáticas con Venezuela, Laboratorio de Paz considera que la reinserción internacional del país constituye una oportunidad que debe contribuir también a recuperar la institucionalidad democrática y la soberanía popular.
(Caracas, 16 de septiembre de 2026). En los últimos meses Venezuela ha avanzado aceleradamente hacia una normalización de sus relaciones internacionales. El restablecimiento de vínculos diplomáticos con Estados Unidos, el anuncio del Reino Unido de elevar nuevamente su representación en Caracas al rango de embajador y la próxima participación de Delcy Rodríguez en la Asamblea General de Naciones Unidas son expresiones de un proceso de reinserción internacional que probablemente continuará ampliándose.
Laboratorio de Paz considera positivo que Venezuela recupere relaciones diplomáticas, económicas y de cooperación con la comunidad internacional. El aislamiento no constituye una política de derechos humanos ni contribuye, por sí mismo, a la democratización.
Sin embargo, existe el riesgo de que la normalización internacional avance más rápidamente que la normalización democrática.
La presencia de representantes venezolanos en Naciones Unidas forma parte de las relaciones entre Estados y no constituye, por sí misma, una certificación sobre la legitimidad o calidad democrática de sus gobiernos. La propia decisión anunciada por Reino Unido ofrece una distinción relevante: mejorar las relaciones con el Estado venezolano no implica modificar la valoración sobre los procesos electorales de 2024 ni supone necesariamente un reconocimiento político de quienes actualmente ejercen el poder.
Esta distinción debería orientar el proceso de reinserción internacional de Venezuela.
Una transición no puede quedar suspendida indefinidamente
Delcy Rodríguez ejerce la Presidencia sin haber sido elegida para ese cargo. Laboratorio de Paz ha advertido que la situación de interinato ha superado los lapsos previstos constitucionalmente sin que la soberanía popular haya sido restituida mediante una elección presidencial. Al mismo tiempo, continúan restricciones al espacio cívico, persisten déficits importantes para el ejercicio de los derechos políticos y permanecen instituciones cuya legitimidad democrática continúa siendo cuestionada.
La apertura diplomática y económica no debería invisibilizarestas situaciones.
Por el contrario, cuanto mayor sea la normalización de las relaciones internacionales de Venezuela, mayor debería ser el compromiso de los actores internacionales con una salida democrática, constitucional y basada en derechos humanos.
Relaciones internacionales con compromisos democráticos
Los acuerdos políticos, económicos, energéticos, comerciales y de cooperación que se establezcan con Venezuela debenincorporar compromisos explícitos y verificables en materia de derechos humanos, Estado de derecho, libertades públicas y democracia.
Existen antecedentes internacionales de mecanismos de esta naturaleza. La Unión Europea, por ejemplo, ha incorporado cláusulas democráticas y de derechos humanos en sus acuerdos con terceros países, vinculando la profundización de determinadas relaciones al respeto de principios democráticos y derechos fundamentales.
La recuperación económica que necesita Venezuela y la reconstrucción de sus instituciones no deberían avanzar por caminos separados. Las inversiones necesitan seguridad jurídica. La cooperación internacional necesita instituciones confiables. Y la estabilidad sostenible necesita legitimidad democrática.
La comunidad internacional puede y debe acompañar la normalización democrática
Ante esta nueva etapa, Laboratorio de Paz exhorta a los gobiernos democráticos, organismos multilaterales y actores internacionales que están restableciendo o ampliando sus relaciones con Venezuela a:
1. Diferenciar claramente el relacionamiento diplomático con el Estado venezolano del reconocimiento de legitimidad democrática de quienes actualmente ejercen el poder.
2. Incorporar compromisos explícitos y verificables de derechos humanos, Estado de derecho y garantías democráticas en los nuevos acuerdos políticos, económicos, energéticos y de cooperación.
3. Mantener y fortalecer los mecanismos internacionales e independientes de protección y seguimiento de la situación de derechos humanos en Venezuela.
4. Promover garantías efectivas para las libertades de expresión, asociación, reunión y participación política, así como condiciones que permitan una competencia electoral auténtica.
5. Acompañar activamente el establecimiento de una ruta constitucional para la celebración de elecciones presidenciales libres, competitivas y verificables en el plazo más breve posible.
La próxima presencia de Delcy Rodríguez en Nueva York probablemente concentrará buena parte de la atención pública en las reuniones que sostenga y en las fotografías que puedan producirse durante ellas. Para Venezuela, la discusión de fondo debería ser otra: Si el país está regresando a la normalidad en sus relaciones con el mundo, esa normalidad debe alcanzar también a sus instituciones.
La reinserción internacional puede contribuir a la recuperación económica y a reducir el aislamiento del país. Pero no debería consolidar una excepcionalidad política permanente ni sustituir la voluntad ciudadana por acuerdos entre gobiernos.
Venezuela necesita recuperar plenamente sus relaciones con el mundo. Y necesita, al mismo tiempo, recuperar el derecho de su ciudadanía a elegir mediante elecciones auténticas a quienes deben gobernarla.
