Los terremotos duran segundos. Sus efectos pueden acompañarnos durante semanas, meses o incluso años.
Después de que termina el movimiento comienzan otras preguntas: ¿Dónde están mis familiares? ¿Habrá otra réplica? ¿Cómo dormir esta noche? ¿Cómo ayudar cuando las noticias llegan de forma fragmentada y la incertidumbre parece no terminar?
En esos momentos solemos concentrarnos —con razón— en las necesidades más urgentes: rescatar personas, atender heridos, recuperar servicios básicos y organizar la ayuda humanitaria. Pero hay otra dimensión de la emergencia que muchas veces recibe menos atención: la emocional.
El miedo, la angustia, la culpa, el agotamiento y la incertidumbre también forman parte del desastre.
Por eso, desde Laboratorio de Paz queremos aportar desde aquello que mejor sabemos hacer: acompañar a las personas y fortalecer la capacidad de las comunidades para cuidarse mutuamente.
Hoy presentamos «10 principios de protección emocional después del terremoto», un cuaderno breve que reúne recomendaciones sencillas para ayudar a atravesar estos primeros días con un poco más de calma.
No pretende reemplazar la atención psicológica especializada ni ofrecer respuestas para todas las situaciones. Es, más bien, una colección de pequeños recordatorios nacidos de una convicción sencilla: reconstruir la tranquilidad también forma parte de la recuperación.
A lo largo de diez principios hablamos de temas como:
- comprender que el miedo es una reacción normal;
- cuidar también nuestro cuerpo después del impacto;
- verificar la información antes de compartirla;
- respetar que cada persona vive el duelo de manera diferente;
- cuidar a quienes están ayudando;
- acompañar a niños y personas mayores;
- recuperar pequeñas rutinas;
- pedir ayuda cuando la necesitamos;
- y fortalecer los vínculos comunitarios que hacen posible la recuperación.
Este material forma parte de una serie que Laboratorio de Paz está desarrollando para acompañar a la población venezolana tras el terremoto.
Los próximos cuadernos estarán dirigidos a dos grupos que muchas veces permanecen invisibles durante las emergencias.
El primero estará dedicado a los millones de venezolanos que viven fuera del país y que también experimentan este desastre desde la distancia, entre la incertidumbre, la culpa y la impotencia de no poder abrazar a sus familias.
El segundo ofrecerá herramientas para quienes, desde organizaciones, comunidades o iniciativas ciudadanas, están sosteniendo a otras personas y necesitan recordar que cuidar a quienes cuidan también es una forma de reconstrucción.
Sabemos que un folleto no detiene una réplica ni reconstruye una vivienda.
Pero también sabemos que una conversación oportuna, una información compartida con responsabilidad o un gesto de solidaridad pueden ayudar a disminuir el miedo y fortalecer a una comunidad en uno de sus momentos más difíciles.
Si este material puede ser útil para alguien, compártelo.
En una emergencia, la solidaridad también viaja de persona a persona.

