La libertad no es un “gesto”: sobre las nuevas promesas de excarcelación en Venezuela

Este 19 de mayo de 2026, Jorge Rodríguez anunció nuevamente la supuesta liberación de alrededor de 300 personas detenidas por razones políticas en Venezuela. Según sus declaraciones, las medidas incluirían a personas con patologías médicas, menores de edad, embarazadas y antiguos funcionarios de la Policía Metropolitana detenidos desde 2002.

Sin embargo, el anuncio estuvo acompañado de una frase que no puede pasar desapercibida: “solamente que sepan apreciar el gesto”.

Desde Laboratorio de Paz consideramos necesario recordar algo fundamental: la libertad no es un gesto. La libertad es un derecho.

Ninguna persona debería agradecer el fin de una detención arbitraria. Ninguna familia debería sentirse obligada a agradecer que su ser querido salga de prisión luego de meses o años de sufrimiento, incertidumbre y violaciones a derechos fundamentales.

El anuncio de hoy tampoco ocurre en el vacío.

El pasado 6 de febrero de 2026, el propio Jorge Rodríguez aseguró públicamente ante familiares de personas detenidas en Zona 7 de Boleíta que “todos” los presos políticos serían liberados “entre martes y viernes”. Han pasado marzo, abril y mayo. Más de tres meses después, cientos de personas continúan privadas arbitrariamente de libertad en Venezuela.

Diversas organizaciones de derechos humanos continúan documentando centenares de casos. Algunas ONG reportan actualmente al menos 635 personas detenidas por motivos políticos en el país.

Durante este tiempo, familiares han denunciado retrasos procesales, incomunicación, falta de atención médica, desapariciones forzadas de corta duración y condiciones incompatibles con la dignidad humana. Varias personas incluso han fallecido bajo custodia del Estado.

La reciente muerte de Carmen Teresa Navas, madre de Víctor Hugo Quero —fallecido bajo custodia estatal tras haber sido desaparecido— vuelve todavía más urgente esta discusión. Su historia refleja el desgaste físico, emocional y humano que viven cientos de familias venezolanas sometidas durante meses a la incertidumbre, la impunidad y el silencio institucional.

Por eso insistimos: este momento debería significar no solo nuevas promesas parciales de excarcelación, sino la liberación plena de todas las personas detenidas arbitrariamente y la aparición con vida de quienes hoy permanecen desaparecidos o incomunicados.

La discusión no puede reducirse a anuncios parciales ni a narrativas de concesión política.

La reparación real comienza con:

  • La liberación plena e incondicional de todas las personas detenidas arbitrariamente.
  • La aparición y liberación de las personas desaparecidas o sometidas a incomunicación prolongada.
  • El reconocimiento del daño causado a las víctimas y sus familias.
  • El esclarecimiento de la verdad sobre lo ocurrido en centros de detención.
  • La investigación de posibles violaciones a derechos humanos.
  • Y garantías de no repetición que impidan que la disidencia vuelva a ser tratada como un crimen.

No puede hablarse de convivencia democrática mientras la libertad siga siendo presentada como una concesión del poder y no como una obligación jurídica y humana del Estado.

La memoria de quienes murieron bajo custodia, el sufrimiento de las familias y la dignidad de quienes aún esperan justicia exigen algo más profundo que un “gesto”: exigen verdad, reparación y garantías de no repetición.

Deja un comentario