Hoy 15 de mayo, en el marco del Día Internacional de la Objeción de Conciencia, desde Laboratorio de Paz queremos promover una reflexión necesaria sobre la militarización de la vida civil en Venezuela y la importancia de reconstruir una democracia donde la ciudadanía, y no la fuerza, tenga la primera y última palabra.
1) Lo militar no puede decidir lo político
El monopolio de las armas no debe tener poder sobre las decisiones públicas. En democracia, el poder viene de los ciudadanos.
Cuando los militares definen la política, la participación se reduce y el debate se sustituye por obediencia.
Desmilitarizar empieza por devolver la política, y la posibilidad de participar, a la gente.
2) Defender el derecho a decir “no”
Nadie debería estar obligado a participar en estructuras militares. El derecho a la objeción de conciencia —no hacer el servicio militar, no recibir instrucción premilitar en la enseñanza y no participar en organizaciones militarizadas— reconoce algo básico: tu cuerpo y tus decisiones no pertenecen al Estado.
Una democracia real respeta la libertad de la población, incluso frente a las armas.
3) Lo social debe estar por encima de lo militar
Un país muestra sus prioridades en su presupuesto. Si se invierte más en armas y en defensa que en salud o educación, algo está invertido.
Durante muchos años se gastaron millones en armamento de guerra. ¿Para qué sirvió eso el 3E? Esos millones de dólares que se gastaron en aviones y misiles hoy hacen falta para hospitales y escuelas.
Desmilitarizar también es decidir en qué se invierte para la vida de la población.
4) Ser ciudadano no puede depender de lo militar
Nadie debería necesitar un “registro militar” para graduarse, trabajar y ejercer derechos. Eso convierte lo militar en filtro de ciudadanía.
Los derechos no se condicionan a un registro militar.
5) Los civiles no deben estar armados
Milicias, colectivos u otras formas de organización armada de civiles rompen una regla básica: en democracia, las diferencias no se resuelven con fuerza. La Constitución es muy clara sobre quiénes deben ejercer labores de seguridad ciudadana.
Cuando lo civil se militariza, el conflicto se vuelve permanente.
6) Las elecciones son un acto civil
Votar no es una operación militar. La presencia armada en procesos electorales, el “Plan República”, envía un mensaje claro: los militares tutelan la participación ciudadana.
¿De qué valió esta vigilancia el 28J de 2024, cuando los militares avalaron un fraude electoral?
Desmilitarizar es confiar en la gente, no controlarla.
7) La democracia necesita menos miedo y más ciudadanía
La militarización no solo está en las instituciones. También está en cómo pensamos:
- Obedecer sin cuestionar
- Callar por miedo
- Aceptar lo impuesto
- Sugerir que criticar es promover la confrontación
Desmilitarizar también nuestros corazones y mentes. Es volver a confiar en la palabra, no en la fuerza.
Desmilitarizar no es un evento: es un proceso.
Empieza cuando dejamos de ver una realidad militarizada como “normal” y volvemos a imaginar un país donde lo civil tiene la primera y última palabra.
