Laboratorio de Paz: El diálogo político solo fortalecerá la democracia si produce garantías para el ejercicio de los derechos civiles y políticos

Caracas, 18 de junio de 2026. El regreso a Venezuela de Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015, y la reunión sostenida este jueves con Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional instalada en 2025, constituyen un hecho político de alta relevancia que podría abrir una nueva etapa de conversaciones entre distintos actores nacionales e internacionales.

Desde Laboratorio de Paz consideramos que, más allá del simbolismo del encuentro o de las distintas interpretaciones políticas que pueda generar, cualquier proceso de diálogo debe ser evaluado por sus resultados concretos para la ciudadanía y por su capacidad para ampliar el ejercicio efectivo de los derechos humanos.

Los venezolanos no necesitan únicamente nuevos espacios de conversación entre dirigentes políticos. Necesitan que esos espacios produzcan garantías verificables para el ejercicio de los derechos civiles y políticos, el fortalecimiento institucional y la recuperación progresiva del Estado de derecho.

En ese contexto, valoramos que durante sus declaraciones públicas Dinorah Figuera haya señalado la necesidad de avanzar hacia la conformación de un Consejo Nacional Electoral creíble y transparente, así como de generar condiciones para futuros procesos electorales. Estos elementos forman parte de las obligaciones que corresponden a un Estado democrático y representan demandas históricas de amplios sectores de la sociedad venezolana.

Sin embargo, la reconstrucción de la confianza pública exige mucho más que declaraciones de intención. Resulta indispensable avanzar hacia la renovación independiente de las autoridades del Consejo Nacional Electoral, la actualización y depuración del Registro Electoral, la restitución de los derechos políticos de quienes han sido inhabilitados arbitrariamente, garantías para la participación de todas las organizaciones políticas, observación electoral nacional e internacional independiente, acceso equitativo a los medios de comunicación y mecanismos transparentes de auditoría y resolución de controversias.

Asimismo, las conversaciones deberían traducirse, en el menor tiempo posible, en el anuncio de un cronograma electoral integral, público y verificable que permita organizar la renovación de los poderes públicos y la celebración de elecciones presidenciales libres, competitivas y transparentes. Un calendario con fechas claras contribuiría a generar confianza, reducir la incertidumbre política y ofrecer una ruta institucional para la restitución de la soberanía popular.

Al mismo tiempo, cualquier agenda de negociación debe incorporar avances verificables en materia de derechos humanos. La liberación de todas las personas detenidas por motivos políticos, el cese de la persecución contra dirigentes sociales, periodistas y personas defensoras de derechos humanos, el respeto a las libertades de expresión, asociación y reunión pacífica, así como la recuperación del espacio cívico, constituyen condiciones indispensables para que cualquier proceso político pueda desarrollarse en un ambiente de confianza democrática.

La experiencia comparada demuestra que los procesos de negociación solo logran consolidar transiciones sostenibles cuando colocan en el centro a las personas y no únicamente a los actores políticos. La estabilidad democrática no se construye mediante acuerdos de élites, sino mediante instituciones legítimas que garanticen el pleno ejercicio de los derechos de toda la ciudadanía.

En consecuencia, cualquier entendimiento que pueda surgir de las conversaciones iniciadas deberá orientarse hacia un objetivo claro: crear las condiciones para que los venezolanos puedan decidir libremente su futuro mediante elecciones presidenciales auténticas, competitivas, transparentes y verificables, organizadas por instituciones independientes y acompañadas por garantías plenas para el ejercicio de los derechos civiles y políticos.

Desde Laboratorio de Paz reiteramos que el diálogo constituye una herramienta legítima para la resolución pacífica de los conflictos, siempre que esté acompañado de compromisos verificables con la democracia, el Estado de derecho y los derechos humanos.

La paz democrática no se alcanza únicamente conversando. Se construye restituyendo derechos, fortaleciendo instituciones y devolviendo a la ciudadanía la posibilidad real de decidir su futuro.

Laboratorio de Paz

Junio de 2026

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