Libro Gris: Informe describe la semi clandestinidad impuesta a la sociedad civil en Venezuela

“No usamos nuestras redes sociales desde hace meses. No tenemos sede física. Nos comunicamos por canales seguros. Pero seguimos trabajando”.

La frase aparece en El Libro Gris, el más reciente informe sobre la situación del país realizado por DDHH de Venezuela en Movimiento, como parte de un testimonio anónimo de una organización comunitaria aún activa en el país. Resume con precisión una de las transformaciones más profundas -y menos visibilizadas- de la Venezuela actual: la instalación forzada de una semi clandestinidad en buena parte del tejido asociativo del país.

Este nuevo estado de las cosas no responde a una decisión interna de las organizaciones, sino a una lógica impuesta desde el poder. El hostigamiento sistemático, la criminalización legal, el miedo a las detenciones y la vigilancia constante han llevado a muchas iniciativas ciudadanas a restringir su actividad pública, reducir al mínimo sus apariciones, y optar por el silencio táctico como mecanismo de protección.


¿Qué significa “semi clandestinidad”?

El término, propuesto en el informe como una categoría analítica, intenta describir un estado intermedio entre la legalidad formal y la invisibilidad forzada. A diferencia de la clandestinidad política del pasado -caracterizada por la proscripción legal total-, hoy muchas organizaciones venezolanas mantienen su personería jurídica, pero no pueden operar con libertad.

“Preferimos no salir en fotos. No nos etiqueten. No mencionen nuestros nombres en comunicados”, son frases comunes en el día a día de activistas, según el documento. Estas prácticas, lejos de ser una estrategia, son una respuesta defensiva ante la amenaza real de detenciones, cierre de organizaciones o represalias a familiares.

¿Qué la ha provocado?

El Libro Gris identifica varios factores que han conducido a esta situación:

  • Reformas legales regresivas como la Ley de Fiscalización y Control de las ONG, aún en fase de amenaza pero suficiente para infundir temor.
  • Intervenciones arbitrarias, como la clausura de al menos 8 organizaciones en 2025 mediante procedimientos opacos o intimidatorios.
  • Campañas de estigmatización mediática en medios estatales, que asocian la labor humanitaria o de derechos humanos con “traición a la patria” o “agendas extranjeras”.
  • Presión a través de servicios públicos, visitas policiales, o citaciones sin causa judicial clara, utilizadas como formas de hostigamiento indirecto.

La normalización del repliegue

El informe alerta que esta situación está siendo normalizada incluso por actores internacionales, que encuentran cada vez más difícil establecer contacto directo con organizaciones en el terreno. Algunos donantes, por temor o por falta de adaptación, han reducido apoyos. Otros exigen visibilidad pública como parte de los proyectos, sin comprender los riesgos actuales.

En este contexto, muchas agrupaciones optan por replegarse, archivar sus redes, cerrar oficinas físicas, adoptar perfiles bajos, trabajar solo por invitación o restringirse a redes de confianza.

Un daño profundo al ecosistema democrático

La semi clandestinidad no es solo un problema operativo: es un síntoma de un ecosistema cívico en colapso. Venezuela vive hoy una fase donde expresarse, organizarse o acompañar víctimas puede ser un riesgo directo a la libertad personal. Esta situación no solo impide la defensa de derechos humanos, sino que erosiona los vínculos sociales, la confianza comunitaria y la posibilidad misma de futuro democrático.

¿Y ahora qué?

El Libro Gris no se limita a describir. También recomienda. Frente a este escenario, propone:

  • Tejer redes de apoyo más allá del país, que comprendan el contexto de “bajo perfil necesario”.
  • Diseñar estrategias de seguridad adaptativa: desde métodos de documentación descentralizada hasta canales seguros de incidencia.
  • Promover una solidaridad silenciosa pero efectiva: aquella que no expone a los actores en el terreno, pero los respalda con legitimidad y recursos.
  • Y, sobre todo, preservar la memoria de este tiempo oscuro, para que en el futuro se entienda que resistir también fue callar, cuidarse y sostener.

«Venezuela no está condenada al autoritarismo» -señala uno de los autores del informe- «La capacidad de resistir, reconstituir y reconstruir sigue latiendo en los márgenes, en la diáspora, en las redes de afecto.»

Consulta el informe completo en: https://ddhhenmovimiento.info

Deja un comentario